El aguita de coco, el calmante de la sed de los barranquilleros

Publicado 2011-03-21

El aguita de coco, el calmante de la sed de los barranquilleros

Pese a los fuertes vientos, el calor abraza a Barranquilla, y la solución el agua de coco.

Por Elsy Beleño Cantillo

Lo pueden negar los grandes canales de música, las estaciones de radio y las revistas especializadas en esta materia, pero la canción más interpretada en Barranquilla es “agüita e coco para calmar la sed, agüita e coco yo tengo que beber…”, pues la temporada de sequía ha llevado a que muchos barranquilleros y foráneos pidan en las esquinas de esta ciudad, el agua de coco para controlar la sed que produce el abrazante calor de esta época, pese a la intensidad de los vientos.

Esto lo puede confirmar Guillermo Martínez, quien desde 1970 está vendiendo, en los costados de la ciudad, agua de coco, y ahora su permanencia es más sólida por los impredecibles cambios climáticos, producidos por la industrialización y la falta de atención de muchos Gobiernos a los temas ambientales.

Pero lo cierto es que este hombre de ojos rasgados, baja estatura y quien es muy dedicado a su oficio, cuenta cómo son las ventas en esta temporada.

“Ahora mismo la gente está comprando por el calor que hace, sobre todo en las horas del medio día”, aunque reconoce que no siempre los días son, como dirían los abuelos “de Santa Lucía”, “muchas veces recojo son $10.000 para llevar a la casa”.

Es por ello, que además de vender el agua de coco a mil pesos también comercializa las conchas del fruto, cada una a tres pesos. De esa manera no desperdicia nada de este producto. No obstante, además de negociante, Martínez también tiene una faceta de médico innato.

“El coco tiene muchas propiedades, pues sirve para la próstata y el hígado”. “Es bueno consumirlo”, puntualiza.

De 58 años de edad y acompañado del ruido de los carros, de la competencia, de uno que otro hombre uno que otro indigente consumidor de sustancias psicoactivas, Guillermo, con una peladura en el brazo izquierdo, explica la historia de su oficio.

“Yo entré a este negocio cuando tenía 17 años, mis papás tuvieron 5 hijos y ante la falta de oportunidades decidí entrarle a este negocio, con el cual he mantenido a mis dos hijos y a mi esposa”, y siendo muy crítico, con una mirada embriagada de tristeza se refirió a una realidad algo cruel “con este actividad debo seguir porque yo que estoy viejo nadie me va dar trabajo, no se lo dan a la gente joven menos a mí”.

Martínez es residente en uno de los barrios más peligrosos de Barranquilla, Carrizal. Sin embargo, él no se dejó arrastrar por esta problemática. Por ello, aprendió a leer, escribir y a sobrellevar las inconformidades de sus clientes.

“La gente se queja a veces porque el coco sale chiquito, pero yo cuando compro los 100 cocos diariamente, trato de escoger los más grandes”, aunque estas no son las únicas “pataletas” de los compradores. “Hoy la gente se estaba quejando porque el coco estaba caliente, pero donde yo voy a comprar el hielo no había tuve que ir más lejos, cuando venía me caí y me raspé el brazo”, indicó con mucha serenidad, Martínez.

Con más desconfianza que serenidad, Lilia Díaz y su esposo Javier Méndez, afirmaron el por qué toman el agua de coco. “Para refrescarnos del impresionante calor que hace”.

Lejos de las palmeras, del vaivén de las olas y del juguetón viento que toca los cuerpos semidesnudos, el sigiloso Guillermo, les recuerda a propios y extraños que él desde las ocho de la mañana, hasta cuando el sol se quiere ir, está en las bulliciosas calles de la ciudad, como un salvavidas, para calmarles la sed a quienes se lo pidan.


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